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Los idiomas de la Biblia en el principio

los idiomas de la biblia en el principioCon la invención de la escritura fue posible comenzar a registrar, para la posteridad, datos e información. Cientos de textos bíblicos han sobrevivido hasta nuestros días, lo que demuestra el cuidado de Dios para que Su Palabra se preservara fielmente a través de la historia de la humanidad. (Primera Epístola de Pedro 1:25).

Gracias a ello, millones de personas en todo el mundo pueden leer, con las posteriores traducciones, las Sagradas Escrituras en su propio idioma vernáculo, aunque la Biblia no haya sido escrita en las lenguas actuales sino en otras muy antiguas, ya que en su elaboración participaron personas provenientes de distintas épocas y naciones.

Tres son las lenguas originales en que fue escrita la Biblia: Hebreo, Arameo y Griego.

• Hebreo: la mayor parte del Antiguo Testamento fue escrita en esta lengua, la de los descendientes de Abraham. Una característica interesante para el mundo occidental es que este idioma se lee en sentido inverso al que estamos acostumbrados, es decir, de derecha a izquierda.

• Arameo: partes del libro de Daniel fueron escritas en esta lengua, muy parecida al hebreo, pues era el idioma oficial durante el Imperio Persa. Se sabe que fue muy popular en la región de Palestina, utilizada en el comercio y las relaciones diplomáticas, hasta los tiempos del Nuevo Testamento. Asimismo, según algunos estudiosos, fue hablada por Jesús. En la actualidad se usa en Malula, una aldea de Siria.

• Griego: el Nuevo Testamento fue escrito en el llamado griego común o popular, que era la lengua que se hablaba durante ese período histórico en el Imperio Romano de Oriente.

Cuando hablamos de traducción de la Biblia nos referimos a la totalidad de los libros que la componen. Actualmente se puede decir que la Biblia está disponible en más de 2,300 idiomas alrededor del mundo, sin contar las porciones y testamentos que también han sido traducidos a cientos de dialectos.


Traducciones

Pese al uso general del hebreo, arameo y griego en sus respectivas épocas, desde los albores del cristianismo siempre existió el deseo de ver traducida la Biblia a los idiomas de otros pueblos. Se sabe que las primeras traducciones parciales se hicieron al latín, lengua oficial del Imperio Romano.

Sin embargo, no fue sino hasta las postrimerías del siglo IV cuando el Papa Dámaso I confió a su secretario, el historiador Jerónimo de Estridón, la tarea de elaborar una traducción oficial y completa de la Biblia al latín. Esta decisión fue tomada durante el Sínodo de Roma, en 382, en el cual se estableció una lista de los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento que formarían parte de la Biblia, tal como la conocemos ahora.

Jerónimo era un investigador exhaustivo y brillante, por lo que no se conformó con revisar las versiones latinas ya existentes, sino que recurrió a los originales en hebreo, arameo y griego, para lo cual se trasladó a Oriente. Con la colaboración de rabinos judíos logró, después de 21 años, elaborar lo que hoy conocemos como Vulgata (latín: del vulgo o del pueblo), por haber sido popularizada en el idioma que, en aquella época, era común a todos.

Esta traducción fue utilizada hasta casi finales de la Edad Media. Sin embargo, cuando el latín cayó en desuso y ya se habían comenzado a consolidar otras lenguas en el continente europeo, perdió su efectividad, ya que incluso los propios monjes católicos habían descuidado el uso de dicho idioma, a causa de la adopción de los nuevos que ya habían tomado forma.

Es así que durante nueve centurias, el acceso a las Sagradas Escrituras –es decir, su lectura- fue un privilegio del que sólo gozaban los jerarcas eclesiásticos y sacerdotes de la Iglesia Católica, quienes dominaban esta lengua, y unos pocos estudiosos, no así el resto de personas, incluidos los fieles.

Además, es preciso destacar que en el Medioevo la mayoría de la gente no sabía leer, lo cual abarcaba gran parte de la nobleza y algunos monarcas. En primer lugar, por la imposibilidad –literal- de acceder a los textos, ya que la transcripción de libros -a falta de imprenta, que aún no había sido inventada- estaba a cargo de amanuenses, por lo que su producción era lenta y reducida.

En segundo término, el “conocimiento”, en general, estaba vedado a la población, según los lineamientos de la Iglesia Católica de aquellos tiempos, y la mayoría de bibliotecas, si no su totalidad, se concentraban en templos y monasterios. Esto cambió con la invención de la imprenta y el despegue cultural que propició el Renacimiento.

Por las razones antes descritas, la Iglesia Católica se vio obligada a recurrir a otros medios para inculcar la Palabra de Dios, entre ellos el arte de la imaginería y los retablos, así como las impactantes estructuras y diseños arquitectónicos de los templos, con sus vitrales, pinturas y asombrosos efectos de iluminación, cuyas manifestaciones más notorias llegaron a la cima con el estilo gótico y se recrearon en el Renacimiento. Otra forma de transmitir el mensaje cristiano era el teatro, mediante el cual se representaba pasajes bíblicos.


La segunda más importante

El idioma español se extiende hoy por todo el planeta; es la segunda lengua más importante del mundo y la tercera más hablada, con 400 millones de hablantes nativos.

Sin embargo, en España, mientras formaba parte del Imperio Romano, se hablaba el latín, por lo que las primeras Biblias que llegaron a la península ibérica y, posteriormente, a la América colonial, estaban escritas en ese idioma.

En el siglo XIII, después de que el rey Alfonso X el Sabio, natural de Castilla, institucionalizara el uso del castellano como lengua culta y promoviera la traducción de varias obras antiguas a su idioma vernáculo, apareció la primera versión de la Biblia al español, en 1260. Sin embargo, no contó con mayor difusión, en vista de que la prédica y lectura pública del texto bíblico todavía se hacía en latín, y el castellano apenas daba sus primeros vagidos en aquel entonces, por lo que su valor es puramente histórico.


Traducciones previas a la Biblia del Oso

Traducción al árabe: hecha en suelo español, durante el período de la ocupación de éste pueblo en España. El obispo Juan Hispalense realizó esta tarea. Asimismo tradujo una edición de la Biblia Latina Visigoda.

Biblia Castellana Prealfonsina: Este manuscrito fue encontrado en el Escorial, -palacio y biblioteca creados por Felipe II de España- se cree que fue escrita entre el 1250 y 1560. Contiene parte del Antiguo Testamento y todo el Nuevo.

La Biblia Alfonsina de 1280, es una traducción parafraseada y resumida de la Vulgata y forma parte del General Estoria, el cual es un libro de carácter histórico que pretendía ser una extensa historia universal en castellano, escrita durante el reinado de Alfonso X, conocido como El Sabio.


Otras traducciones:

Se tiene conocimiento, pero, no fechas exactas de otras Biblias más antiguas que la Biblia Alfonsina, algunas de ellas fueron publicadas en el siglo XX.

• Biblia Medieval Romanceada: Contenía el Pentateuco y fue publicada en Argentina en 1927.
• Biblia Medieval Romanceada Judeo-Cristiana: Antiguo Testamento, fue publicado en 1950 y 1955 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Madrid, España).
• La Biblia de Alba: Llamada así por haber sido encontrada en la biblioteca del Duque de Alba, se cree que fue publicada medio siglo antes que la Alfonsina. Se sabe que ha dos ediciones facsímiles de la misma.
• La Biblia de Rabino Salomón: Llamada así, porque algunos eruditos se la atribuyen al rabino Salomón, Contiene únicamente el Antiguo Testamento, fechada de 1420.
• El Nuevo Testamento de Francisco de Enzinas: Fue la primera traducción impresa hecha del griego al castellano, Enzinas se la presentó al rey Carlos V, quien le encarcelo por la traducción, pero éste pudo escapar de la prisión y salir de España. Fue publicada por el erudito español de Amberes en 1543.
• La Biblia Ferrara: Traducida por dos judíos portugueses, Duarte Pinel (Abraham Usque) y Jerónimo de Vargas (Yom Tob Atias), en dos versiones: erudita y popular, en 1553. Se le conoce con este nombre por haber sido publicada en la ciudad italiana de Ferrara. Se caracteriza por su exagerado literalismo y por lo anticuado del castellano.
• El Nuevo Testamento traducido por el doctor Juan Pérez de Pineda: Se sabe que el autor fue Juan Pérez de Pineda, tenido en alta estima por la excelente calidad de su producción literaria. No obstante es más bien una revisión de la traducción de Enzinas, por Cipriano Valera en la “Exhortación al Christiano Lector” de su edición de 1602.

La Biblia del Oso

Publicada en 1569, esta Biblia marca un hito en la historia de los hispanohablantes, por ser la primera versión completa traducida al castellano, de los idiomas originales hebreo y griego. Es conocida como la Biblia del Oso por el emblema que aparece en su portada, un oso de pie junto a un arbusto, tratando de alcanzar la miel de una colmena, logotipo del impresor bávaro Mattias Apiarius.

La traducción estuvo a cargo del humanista sevillano Casiodoro Reina. Destaca por un doble motivo: primero, por la calidad de su lengua, que la convierte en un monumento de la literatura española; segundo, por su extrema fidelidad al original, ya que recoge el tono primordial de las tradiciones hebreas que rara vez consiguen otras traducciones, más atentas al sentido doctrinal o teológico.

Casiodoro Reina fue un monje jerónimo de San Isidro, de donde salió al mismo tiempo que Cipriano de Valera y Antonio del Corro, como resultado de sus simpatías con el luteranismo. Fue recibido en Inglaterra, donde se reencontró con sus parientes más allegados, quienes también pudieron escapar de la Inquisición española. En Londres presidió, durante un tiempo, la congregación de los fugitivos.

De Inglaterra se trasladó a Estrasburgo, donde se dedicó a terminar la traducción al español de la Biblia iniciada por Juan Pérez de Pineda, quien a su vez había dado continuación a los trabajos llevados a cabo por Francisco de Enzinas y Juan de Valdés.

Posteriormente viajó a Basilea, Suiza, donde publicó en 1569 la tan esperada traducción completa de la Biblia al español. Los líderes cristianos y el Concejo Municipal de esa ciudad habían apoyado su labor con firmeza, y como muestra de gratitud Casiodoro dedicó un volumen a la Biblioteca de la Universidad de Basilea.
La primera edición fue de 2,600 ejemplares, y a pesar de los obstáculos que había para su venta en la Europa de aquel entonces, en 1596 ya se habían agotado por completo.