Sociedad Biblica de Guatemala

Sociedad Biblica de Guatemala

Sociedad Biblica de Guatemala

La primera distribución de Biblias en Centroamérica fue entre los años 1835 y 1854, era una época en que a pesar de garantizar la libertad de culto la práctica distaba mucho de eso.

En Guatemala se tiene conocimiento que en 1841 Federico Crowe, en ese entonces de 25 años, vino a Guatemala como colportor – termino de origen medieval que recibieron históricamente los difusores de las Sagradas Escrituras, en ese período–.

Crowe quien había vivido en Belice y venía con grandes deseos de difundir el mensaje del evangelio. Se estableció en la antigua Verapaz, zona donde se encontraba una colonia de inmigrantes agrícolas llamada Abbottsville. Esta colonia estaba integrada por 80 colonos y estaba ubicada en el valle del Polochic. Crowe laboró como maestro de la pequeña población, pues su antecesor había abandonado el puesto.

Fue en esta área en la que Crowe comenzó a extender su misión evangelizadora mediante visitas en las casas y lecturas dominicales de las escrituras, algunas veces frente al Ayuntamiento.

No obstante, del amor de Crowe por llevar las escrituras, sus acciones no quedaban allí, logró apoyo de la Sociedad Bíblica de Belice, para que le enviase un suministro de Biblias en español, estas las entregaba a visitantes del interior y de la comunidad. En ese primer año distribuyó 200 ejemplares dentro y fuera de Abbottsville.

La Sociedad beliceña le pago algunos de los gastos de los viajes que realizó y le ayudo comprar un caballo. Las travesías de Crowe dieron su fruto pues logró introducir el Nuevo Testamento como libro de lectura en varias escuelas.

A pesar de estos primeros frutos, Crowe experimento durante los cinco años que vivió en Guatemala oposición y persecución, las cuales le llevaron a desarrollar su creatividad, por el genuino deseo de llevar las escrituras a toda persona posible. En una ocasión colocó un estante en la feria de Salamá, Septiembre de 1843, para vender a precios bajísimos las Sagradas Escrituras.

Los bajos precios y el deseo de poseer un libro, impuso a que muchas personas comprarán Biblias y Nuevos Testamentos, pero esto igualmente le creó oposición, por lo que fue obligado a atender su venta por la puerta de atrás, para finalmente, por presiones del clero, el Corregidor obligó a Crowe no vender nada.

Aún así, Crowe no desmayó y viajó a la capital para manifestar que él no había quebrantado ninguna ley, pero después de varios meses de estadía en la capital guatemalteca, se promulgo un edito que prohibía la lectura y posesión de la Biblia.

A esta desalentadora noticia se le agregó que Crowe una carta en que la Sociedad Bíblica beliceña, ya no podía pagarle su salario y que suspendían su agencia. Esto no amilano a Crowe, sino que decidió continuar adelante por el mismo.

Después de un tortuoso viaje trajo a su esposa de Abbotsville, a vivir con él, en la ciudad de Guatemala. Y sin desaprovechar la oportunidad y gracias al apoyo del guarda de la aduana, logró ingresar algunas Biblias.

Su perseverancia rindió nuevamente frutos y por recomendación de Diego Thomson, quien se enteró de su trabajo en Guatemala, solicitó al Comité Auxiliar de la Sociedad Bíblica de Belice que le nombrase nuevamente como su agente en Guatemala, noticia que vino acompañada de un giro para sus gastos.

Es así que Crowe, nuevamente, desarrolló su creatividad, pues las autoridades civiles se habían enterado de que había traído una cantidad de Biblias, por lo que le prohibió rotundamente que no vendiese ni donase un ejemplar de las Sagradas Escrituras. Ante esto decidió tomar varios de los ejemplares como dueño, les escribió su nombre y entonces los prestaba a quien quisiera leerlos.

Al mismo tiempo abrió su primera escuela, en donde los alumnos podían leer las Sagradas Escrituras y los que aun no sabían leer y escribir Crowe les leía los domingos.

Sin embargo, por falsas acusaciones y la fuerte oposición, en abril de 1846, Crowe fue expulsado de Guatemala, la razón, se había encontrado una considerable cantidad de Escrituras en Salamá, distribuidas por él.

Dicen en el Salmo 119:81 “Dios mío tú eres eterno y siempre fiel. Mientras el cielo y la tierra existan tu palabra permanecerá”. (Traducción en Lenguaje Actual), Y es así que en 1892, Dios trajo a suelo guatemalteco a Francisco G. Penzotti, conocido por varios como “el Apóstol del Colportaje Bíblico” en toda Latinoamérica.

Penzotti había sido nombrado como agente de la Sociedad Bíblica Americana, para distribuir Biblias en toda la costa del Pacífico y su base de trabajo se localizaba en Guatemala. Penzotti además de distribuir fundó una iglesia, que según registros fue incendiada, pero gracias a la ayuda divina más tarde volvió a construir otra.

Este “viajero de Dios” como también se le conoce, según registros distribuyó 125,000 Biblias la gran mayoría de puerta en puerta, asimismo bajo su dirección la Sociedad Bíblica Americana repartió más de dos millones de ejemplares de la Palabra de Dios, muchas de ellas desde Guatemala.

Después de muchos años de intensa labor, la Sociedad Bíblica de Guatemala obtiene su personería jurídica en el año de 1979. Siendo hasta el año 2000 que es recibida como Miembro Pleno de las Sociedades Bíblicas Unidas.